sábado, 13 de mayo de 2017

Las Coreas, Venezuela y el Perú de los 70 y 80

El diario El Comercio publicó hoy el excelente artículo Luz y Sombra, de Alfredo Bullard, acerca de las enormes diferencias que se han establecido entre las partes sur y norte de la antiguamente unitaria nación asiática de Corea.

Es clarísimo cómo el modelo de desarrollo de Corea del Sur, basado en la libertad empresarial, la apertura comercial hacia el mundo y una política fiscal responsable, sacó al país de la pobreza anterior y lo convirtió en uno de los más prósperos del mundo, con una democracia que funciona (como lo acaba de demostrar destituyendo a una presidenta que cometió delito).

Mientras tanto, Corea del Norte malgastó ese tiempo en aplicar una política económica estatista, hiper controlista y cerrada al mundo, en el marco de una brutal dictadura, que la han convertido en uno de los países más pobres del planeta, que sólo destaca por el enorme gasto militar, perpetrado a costa de las necesidades del pueblo.

En realidad, si bien el ejemplo de ambos países es óptimo para explicar los resultados radicalmente distintos que se puede alcanzar con la simple aplicación de tal o cual política, excelente en un caso y desastroso en el otro, no es necesario ir hasta esa tan alejada parte del mundo para hacer pedagogía económica.

Basta comparar lo que ocurrió en el Perú entre fines de los años 60 y 80, a partir de las calamitosas reformas izquierdistas del dictador Velasco (lamentablemente no desmanteladas por los dos gobiernos democráticos que le siguieron, y que por ende sufrieron las desastrosas consecuencias de ese modelo) y lo que ha venido después, a partir de la liberalización de los años 90 (con el Perú exhibiendo una de las economías de más rápido crecimiento y reducción de la pobreza).

O lo que tuvo lugar en Venezuela hasta fines del siglo pasado (cuando el país, pese a sus innegables problemas, avanzaba y se consolidaba como uno de los más prósperos de América Latina), y lo que ocurre allí a la fecha, con una sociedad brutalmente empobrecida por una catastrófica política económica estatista, controlista y absolutamente irresponsable y demagógica, perpetrada por un gobierno que por si fuera poco también está destrozando la institucionalidad e instaurando una dictadura cada vez más desembozada.

El caso de Cuba en manos del comunismo de los Castro constituye un notorio tercer ejemplo regional, sobre el cual no nos explayaremos para no alargar demasiado la nota, y porque a estas alturas de la historia ya todo el mundo tiene claro a dónde conducen estos nefastos experimentos repletos de insensatez.

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